Dionysus

Todo está en la vida y es la vida, los cuerpos mueren pero la vida continúa, es eterna. Siempre se está en medio de la vida y la vida en medio de nosotros. Nos atraviesa para llegar a otros, así como atravesó a otros, para llegar hasta nosotros. La vida es incontrolable, poderosa, inalienable, misteriosa, creativa. La vida es salvaje: es el amor.

viernes, 20 de diciembre de 2013

El Buitre



El buitre.
Der geier, Franz Kafka (1883-1924)

El buitre me picoteaba los pies. Ya me había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos amenazadores alrededor y luego continuaba su obra. Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba al buitre.

-Estoy indefenso –le dije-, vino y empezó a picotearme; lo quise espantar y hasta proyecté torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies; ahora están casi hechos pedazos.
-No se debe atormentar – dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece? –Pregunté-, ¿quiere encargarse usted del asunto?
-Encantado –dijo el señor-, no tengo más que ir a casa a buscar mi fusil, ¿puede aguantar media hora más?
-No sé –le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después agregué: - por favor, pruebe de todos modos.
-Bueno –dijo el señor-, me apuraré.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado vagar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco más lejos, retrocedió para alcanzar el impulso óptimo, y, como un atleta que arroja la jabalina, encajó su pico en mi boca, profundamente.

Al caer de espaldas sentí como una liberación; sentí que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre, irremediablemente, se ahogaba.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Sólo loco! ­Sólo poeta!


Sólo loco! Sólo poeta! - Nietzsche 


Cuando la luz se va desvaneciendo

cuando ya el consuelo del rocío
se filtra en la tierra
invisible, inaudible
-pues delicado calzado lleva
el consolador rocío, como todo dulce consuelo-
entonces recuerdas, recuerdas tu, ardiente corazón
cuan sediento estuviste
de celestiales lágrimas y gotas de rocío,
abrasado, cansado, sediento,
mientras en sendas de amarilla hierba
malignas miradas del sol crepuscular
por entre negros árboles en torno a ti corrían,
deslumbrantes, malintencionadas, abrasadoras miradas del sol.

“¿Tú el pretendiente de la verdad?" -así se mofaban-.
¡no! ­sólo un poeta!
un animal astuto, saqueador, rastrero,
que ha de mentir,
que premeditadamente, intencionadamente,
ha de mentir
multicolor larvado,
larva el mismo,
presa el mismo,
¿es eso el pretendiente de la verdad?...

Sólo loco! ­Sólo poeta!
Solo un multicolor parloteo
multicolor parloteo de larvas de loco
trepando por mendaces puentes de palabras
sobre un arco iris de mentiras
entre falsos cielos
deslizándose y divagando.
¡sólo loco! ¡sólo poeta!

¨Es eso el pretendiente de la verdad?



No inmóvil, rígido, liso, frío,
convertido en estatua,
pilar de dios;
no erigido ante templos
atalaya de dios:
¡no! Hostil eres a tales modelos de virtud,
mas recogido estas en el desierto que en los templos,
audaz como los gatos
saltas por todas las ventanas
y en toda ocasión
husmeas la selva virgen
tu que por selvas vírgenes
entre fieras de coloreados pelajes
pecadoramente sano y bello y multicolor corrías,
con lascivos belfos,
feliz con el escarnio, feliz en el infierno, feliz y sanguinario,
ladrón furtivo, mentiroso corrías...

O semejante al águila
que fija su mirada largo tiempo en los abismos
en sus abismos...
-­oh, girar como ella
hacia abajo, hacia el fondo, hacia adentro,
hacia cada vez mas profundas profundidades!

Y entonces
de repente
vuelo vertical
trazo precipitado
caer sobre corderos
hacia abajo, voraz,
ávido de corderos,
odiando toda alma de corderos,
odiando rabiosamente todo lo que parezca
virtuoso, borreguil, de rizada lana,
necio, satisfecho con leche de oveja...

Así, aguileñas, leopardinas,
son las añoranzas del poeta,
son tus añoranzas entre miles de larvas,
¡tú, loco!, ¡tú, poeta!

Tú que al hombre consideras
tanto dios como oveja
al dios desgarrar en el hombre
como a la oveja en el hombre
y desgarrando reír
En esto consiste tu felicidad!


felicidad leopardina y aguileña

felicidad de loco y de poeta!"

Cuando la luz se va desvaneciendo
y la hoz de la luna
ya se desliza verde y envidiosa
entre rojos purpúreos
-enemiga del día
y sigilosamente a cada paso
las guirnaldas de rosas
siega, hasta que se hunden
pálidas en la noche:

así caí yo mismo alguna vez
desde mi desvarío de verdad
desde mis añoranzas de día
cansado del día, enfermo de luz
caí hacia abajo, hacia la noche, hacia las sombras,
abrasado y sediento
de una verdad.

¿recuerdas aun, recuerdas tu, ardiente corazón,
que sediento estuviste?
¡sea yo desterrado
de toda verdad!
¡Sólo loco! ¡Sólo poeta!



viernes, 6 de diciembre de 2013

William Blake - El Libro de Urizen. Capítulo V






I
Aterrado, Los retrocedió ante su tarea: su gran martillo cayó de su mano: sus llamas le vieron, y, desfalleciendo, escondieron en la humareda sus miembros poderosos. Pues, con un estrépito de ruinas, ensordecedor, con choques, golpes, gemidos, el Inmortal soportaba sus cadenas, a pesar de estar ligado por un profundo sueño.

II
Todas las miríadas de la Eternidad, toda la sabiduría y toda la alegría de la vida rodaban como un Océano alrededor de él, excepto aquello que los pequeños orbes de su vista le desvelaban gradualmente.

III
Y ahora, su Vida eterna se borró como un sueño.

IV
 Estremeciéndose, el Profeta eterno asestó el golpe desde su región del norte a la del sur. El fuelle y el martillo permanecían ahora callados. Un silencio sin vigor embargaba su voz pofética; en una fría soledad, en un vacío oscuro, el Profeta eterno y Urizen se encontraron encerrados.

V
Edades y más edades rodaron sobre ellos, separados de la vida y de la luz, helados en formas horribles y monstruosas. Los dejó que sus llamas se consumieran; después, miró hacia atrás con un ansioso deseo, pero el Espacio, que la existencia no dividía, llenó su alma de horror.

VI
Los lloró oscurecido por su pesadumbre; su pecho fué presa de cataclismos de suspiros. Vió a Urizen cadavérico, negro, sujeto por cadenas, y la Piedad nació.

VII
Dividiéndolo, dividiéndolo entre sus angustias (pues la Piedad divide el alma), en medio de torturas, eternidad sobre eternidad, la vida chorreó en cataratas de arriba a abajo de sus escarpados. El Vacío hizo contraerse la linfa en nervios que erraron a lo largo, sobre el seno de noche, y que dejaron un globo redondo de sangre temblando sobre el vacío. Así el Profeta eterno quedó escindido ante la imagen cadavérica de Urizen. Pues, entre tinieblas y nubes cambiantes, por debajo, en una noche invernal, el abismo de Los se extendía, inmenso; y, tan pronto visibles, como tan pronto escondidas a los ojos de los Eternos, las visiones lejanas de la sombría separación aparecían. Lo mismo que unas lentes descubren mundos en el abismo sin fin del espacio, lo mismo los ojos expansionadores de los Inmortales veían las visiones sombrías de Los y el globo de sangre vital que temblaba.

VIII
El globo de sangre vital temblaba, ramificándose en raíces fibrosas retorcidas sobre los vientos, fibras de sangre, de leche y de lágrimas, en medio de torturas, eternidad sobre eternidad. Al fin, tomando cuerpo en las lágrimas y los gritos, una forma de mujer, temblorosa y pálida, vaciló ante su rostro de muerte.

IX
Toda la Eternidad se estremeció al ver la primera Mujer, ahora separada, pálida como una nube de nieve, vacilante ante el rostro de Los.

X
La maravilla, el terror, el miedo, el asombre petrificaron a las miríadas de los Eternos, al ver la primera forma femenina, ahora separada. La llamaron Piedad y huyeron.

XI
 «¡Desplegad una tienda y cortinas espesas en torno a ellos! Que cuerdas y picas encierren el Vacío a fin de que los Eternos no puedan volverlo a ver.»

XII
 Comenzaron a tejer cortinas de oscuridad, elevaron grandes pilares en tomo al vacío; las sujetaron con garfios de oro. Con infinito trabajo, los Eternos tejieron una tela y la llamaron la Ciencia.

viernes, 25 de octubre de 2013

El Barco Ebrio




Cuando descendía por Ríos impasibles,
Ya no me sentí guiado por los sirgadores:
Pieles rojas aullando, los tomaron por blanco
clavándolos desnudos en postes de colores.

No me importaba ningún equipaje,
Carguero de trigo flamenco o de algodón inglés.
Cuando aquel desorden acabó con mis hombres,
Los Ríos me dejaron descender a donde quise.

Entre los chapoteos furiosos de la marea,
Yo, el otro invierno, más sordo que el cerebro de los niños
¡bogaba! Y las Penínsulas desamarradas
Nunca han experimentado barullos más triunfantes.

La tempestad bendijo mis vigilias marítimas.
Más ligero que un corcho bailé sobre las olas
Que llaman eternas rotadoras de víctimas
¡Diez noches, sin añorar el ojo idiota de los faroles!

Más dulce que para un niño la carne de manzanas ácidas,
Impregnó el agua verde mi casco de abeto
Y de manchas de vino azul y vómitos,
Me lavó dispersando timón y ancla.

Y desde entonces, me baño en el Poema
De la Mar, infusada de astros, y lactescente,
Devorando los azules verdes; donde flotación pálida,
y bermeja, un ahogado pensativo a veces desciende.

Donde, tiñendo de golpe las azulaciones, delirios
Y ritmos lentos bajo las rutilaciones del día,
Más fuertes que el alcohol, más bastas que nuestras liras,
¡Fermentan las rojeces amargas del amor!

Sé de los cielos despedazados en rayos, y de las trombas,
y las resacas y las corrientes; sé de la tarde,
Del alba exaltada como un pueblo de palomas,
¡He visto varias veces lo que el hombre ha creído ver!

¡Vi al sol poniente, manchado de místicos horrores,
Iluminando vastos coágulos violetas,
Parecidos a actores de dramas antiguos,
Olas rodando a lo lejos su temblor de postigos!

¡Soñé la noche verde de nieves deslumbrantes,
Beso que asciende de los ojos del mar con lentitudes
La circulación de savias inauditas,
Y el aviso azul y amarillo de los fósforos cantores!

¡He seguido por meses enteros, parecido a los ganados
Histéricos, los embates de las mareas contra los arrecifes,
Sin soñar que los pies luminosos de las Marías
Pudieran domar morros de Océanos asmáticos!

¡He embestido, sépanlo, increíbles Floridas,
Donde se mezclaban a flores de ojos de pantera con piel
De hombres! arco iris tendidos como bridas
Bajo el horizonte de los mares, para glaucos rebaños.

¡He visto fermentar las marismas enormes, trampas
Donde todo un Leviatán se pudre entre los juncos!
¡Avalanchas de aguas en medio de bonanzas,
Y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas de nácar, cielos de brasas!
¡Naufragios odiosos en el fondo de Golfos oscuros
Donde las enormes serpientes son devoradas por las chinches,
Y caen de los árboles torcidos, como negros perfumes!

Quisiera haber mostrado a los niños esos dorados
De ola azul, esos peces de oro, esos peces cantores.
–La espuma en flor meció mis salidas de rada
Y de inefables vientos me han alado por instantes.

A veces, mártir harto de polos y de zonas,
La mar cuyo sollozo mi vaivén suavizaba,
Subía sobre mí sus flores de sombra con ventosas amarillas
Y yo permanecía así, como una mujer arrodillada…

Casi isla, bamboleaba en mis bordes sus querellas
Y los excrementos de pájaros cantores de ojos rubios,
Y bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
¡Los ahogados descendían a dormir, reculando!

Oh yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
Lanzado por el huracán en el éter sin pájaros,
Yo, a quien los monitores o veleros del Hansa
No le hubieran salvado el casco ebrio de agua;

Libre, humeante, envuelto en brumas violetas,
Yo, que agujereaba el cielo rojizo como un muro
Que tiene, confitura exquisita para los buenos poetas
los líquenes del sol y mocos de azur;

Que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
Loca tabla, escoltada por hipocampos negros,
Cuando los julios hacen caer a garrotazos,
Cielos ultramarinos de las ardientes tovas;

Yo que temblaba, al oír gimiendo a cincuenta leguas,
El celo de los Behemots y los Maelstroms densos,
Hilandero eterno de quietudes azules,
¡Yo añoro, la Europa de los viejos parapetos!

¡He visto archipiélagos siderales, islas
Donde cielos delirantes son abiertos al Viajero!
– ¿Es en noches sin fondo como estas que tú duermes y te exilias,
millón de pájaros de oro, o futuro vigor?–

Sin embargo, es verdad ¡he llorado demasiado! El alba es dolorosa.
Toda luna es atroz y todo sol amargo.
El acre amor me ha hinchado de torpotes embriagantes:
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que me hunda en la mar!

Si yo deseo algún agua de Europa, es la charca
Negra y fría donde en el crepúsculo embalsamado
Un niño arrodillado lleno de tristezas, suelta
Un barquito frágil como una mariposa de mayo...

No puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
Escoltar la senda del carguero algodonero,
Ni atravesar el orgullo de banderas y estandartes,
Ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Eternidad

Eternidad - William Blake


















Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.